Vientos
El territorio nacional está ubicado en la faja latitudinal del hemisferio norte en donde prevalece la circulación de los vientos alisios del norte, sistema de viento que se caracteriza por la constancia de su flujo durante todo el año.
Pero las formaciones topográficas del país producen modificaciones y encauzamientos de la circulación alisia, dando origen a vientos locales aún imperfectamente estudiados.
Por otra parte, el desigual calentamiento y enfriamiento de la tierra y el mar da origen a los denominados vientos periódicos, y la brisa del mar durante el día, y al terral durante la noche, sistema de vientos que se presentan nítidamente en las áreas costeras. En Santo Domingo, por ejemplo, durante gran parte del día el viento sopla del mar hacia la tierra como viento del Sudeste, en tanto que en la noche sopla del Norte y Noreste desde el mar hacia la tierra durante el día, y del Sudeste desde la tierra hacia el mar durante la noche.
En los valles enclavados en las zonas montañosas se registran otros tipos de vientos periódicos, como el denominado viento del Valle, que sopla durante el día ladera arriba desde el valle, en tanto que durante la noche sopla la brisa de montaña o sea un flujo de ladera abajo hacia el balle.
Las velocidades del viento normalmente son moderadas, con un promedio anual de un poco más de 10 kilómetros por hora en los terrenos bajos, pero al aumentar la altura del terreno las velocidades se incrementan.
Vientos extremadamente fuertes han azotado al país en tiempos de embestidas de ciclones tropicales, como ocurrió en el año 1930, cuando el huracán San Zenón cruzó sobre Santo Domingo, con vientos de 180 millas por hora; también en el año 1966 el huracán Inés produjo vientos de 140 millas por horas en Cabo Rojo. El David en 1979, más de 160.





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