!SE ESTA ACABANDO EL MUNDO!

Rincón Dominicano 2 octubre, 2011
!SE ESTA ACABANDO EL MUNDO!

!SE ESTA ACABANDO EL MUNDO!

Dr. Vicente Correa

Recientemente fui llamado para evaluar a un jovencito de diez años en una escuela de monjas, por mareo súbito y palpitaciones.

Hacía muchos años que no entraba a un colegio de Monjas. No me extrañó la limpieza impecable del centro, ni tampoco el silencio y el ordenamiento general, así como la cortesía de las monjas superiores y las más jóvenes. Por mi mente asomaron aquellos años de mi educación intermedia cuando asistía al liceo público y pasaba frente al colegio de jovencitas María Auxiliadora.

En aquel entonces observaba el orden de las monjas, las estudiantes impecablemente bien vestidas y ordenadas, también la limpieza, el silencio y el ambiente casi de monasterio. En el fondo me alegraba de algo que por fin no había cambiado con el tiempo y que mantenía su tradición, a diferencia del resto de la sociedad dominicana. Era un verdadero remanso de paz el que se respiraba en este colegio, muy similar al del María Auxiliadora de aquellos años.

En el examen del menor no detecté nada relevante, a pesar de lo pálido y demacrado que lucía; me lució algo anémico. Aparte del examen físico le practiqué un electrocardiograma que resultó ser normal. Ordené análisis y bebidas azucaradas, con la responsabilidad de volver a evaluarlo varios días después. Me despido de la monja superior y abandono el recinto escolar.

A los cinco días me dirijo nuevamente a la escuela para examinar la situación del escolar enfermo. Voy manejando mi vehículo y… !Dios mío!… desde dos esquinas antes de llegar oigo un escándalo, una algarabía: es una música estridente y a gran volumen, proveniente según suponía, de un sitio cercano al colegio de las monjas. Me molestó el hecho de pensar en el abuso que suponía esa bulla tan cercana a un colegio, y sobre todo de monjas. Debía ser una persona muy malvada y desconsiderada la responsable de tal escándalo tan cerca de un recinto tan austro y silencioso. Era una música de mal gusto, de estos grupos merengueros nuevos, sin nada de afinación ni armonía. El bullicio y la animación parecían propios de un estadio de béisbol o fútbol.

La sorpresa me hizo casi marear cuando llego al colegio. !no puede ser! el escándalo provenía… !del propio colegio!. En plena explanada, al lado de la bandera había una tarima con cuatro bocinas gigantes, micrófonos, amplificadores, una consola y la música infernal.

Todo el estudiantado, al calor del merengue, se movía de la forma más erótica y vulgar posible; todas las niñas estaban con los ombligos al aire, dando golpes de cintura y los jovencitos sudados, en plena gozadera lujúrica.

Creo que es un asalto a la escuela; busco con la mirada alguna monja. Solo alcanzo a ver a dos de las más jóvenes, a cierta distancia, como haciéndose las desentendidas y ”sin culpa” pero moviendo las cabecitas y sus hábitos religiosos discretamente, al compás de la música. !”bandidas”! llegué a pensar. Se trataba de una fiesta con el fin de obtener recursos económicos para la graduación de los estudiantes de último año.

Me abrí paso entre la “manada”, logré llegar a la entrada de la dirección y preguntar por mi paciente; una de las monjas superioras me lo señaló: estaba con el culito al aire, junto con cuatro compañeritos más, bailando el famoso baile del perrito. En los análisis solo apareció una parasitosis que había mejorado con un antiparasitario indicado por el propio laboratorista.

No me molesté en volverlo a examinar.
Me retiré pensando: o se está acabando el mundo, o el diablo anda suelto.

 

 

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