MODERNIDAD Y MITOLOGÍA
Guercy Antoine
TEMAS LITERARIOS
Intelectual Haitiano, Colaborador del Rincón Dominicano
Conferencia dictada en CACIBAJAGUA, Santo Domingo, R.D.
22 de Octubre de 2001
INTRODUCCIÓN
Empezamos por decir que la modernidad es la negación absoluta de toda trascendencia. Así que la mitología como meta-lenguaje, entonces trascendental, no tiene lugar ante el espíritu moderno.
Cabe recordar que la negación de la mitología, como siendo una realidad ligada al comportamiento humano y a la vez como elemento de civilización, no empieza precisamente con la modernidad, sino con el nacimiento de la filosofía occidental en el siglo VI antes de nuestra era.
Pero la negación se intensifica, se sistematiza más con la modernidad en los siglos XVII-XIX, con el desarrollo de las ciencias, cuando muchos pensaban que la mitología iba a desaparecer del pensamiento humano.
Al contrario, todavía los mitos son bien presentes dentro de nosotros, por que representan la memoria de la humanidad, nuestra herencia colectiva.
Si hoy día, en el lenguaje corriente, el mito designa una cosa increíble o irreal, para nuestros ancestros, este término tenía una significación objetiva, dinámica, en directa relación con la realidad. Digamos que mito nunca significó lo irreal, nunca se opone a la realidad como se hace creer.
Al origen todos los mitos tenían por objetivo dar una explicación plausible a los fenómenos naturales y cósmicos: ciclos de las estaciones, del día y de la noche, de la vegetación, de la vida y de la muerta, de los acontecimientos históricos, etc.
Pero cualesquiera egipcia, griega, romana, hindú… la mitología tiene a la vez una función moral, didáctica e iniciativa durante milenios.
PRIMERA PARTE
¿QUE ES LA MODERNIDAD?
En sentido amplio el término modernidad se refiere a los últimos cinco siglos de la historia de occidente. La modernidad puede ser periodizada del siguiente modo: los siglos preparatorios (XVI-XVII); la “ilustración” (XVIII); el desarrollo acelerado (XIX-XX). En sentido estricto la modernidad abarcaría desde la Revolución francesa hasta la revolución estudiantil de mayo de 1968 o hasta la crisis energética de 1973.
La idea de modernidad es definida por la destrucción de los órdenes antiguos y por el triunfo de la racionalidad, objetiva instrumental; más precisamente, la modernidad se define por la separación creciente entre el mundo objetivo, creado por la razón de acuerdo con las leyes de la naturaleza, y del mundo de la subjetividad, que es de un lado aquello del individualismo, o más precisamente aquello de un llamado a la libertad personal.
La modernidad es la ruptura del mundo sagrado, que era a la vez divino y natural, con el mundo de la razón, de la secularización.
Modernidad es en fin: racionalización contra subjetivación, razón contra pasión o sentimiento, ciencia contra religión o mitología.
LA LAICALIZACION O LA SECULARIZACIÓN DE OCCIDENTE: SIGLO XVII.
Es a partir del siglo XVII que se define tajantemente la opción de Occidente, sobre la cual vivimos todavía: Francis Bacon, en Inglaterra, Descartes, en Francia, fundan la ciencia moderna. Occidente se empeña entonces sobre lo que se podría llamar la vía de la laicalización; va negar más en más la dimensión religiosa de la existencia. Con la Modernidad es la exclusión de todo finalismo. Así como habla Max Weber, la secularización y del desencanto que define a la Modernidad por la intelectualización, manifiesta la ruptura necesaria con el finalismo del espíritu religioso, quien llama a un fin de la historia, realización completa del proyecto divino o desaparición de una humanidad pervertida e infiel a su misión. De hecho, el aspecto el más contestable, si se quiere decir, de Bacon y de Descartes, no es tanto por haber afirmado la importancia capital de la razón, o la necesidad de su emperio sobre las fuerzas profundas de nuestro ser, sin embargo, de haber exageradamente acentuado la propensión occidental a la extraversión, el interés llevado a lo que nos es exterior .
La ciencia (el Saber), y su hija, la Técnica (el Poder), comienzan a partir del siglo XVII a sustituir a dios. La idea de modernidad sustituye al centro de la sociedad dios por la ciencia, dejando a lo mejor las creencias religiosas al interior de la vida privada.
Precisamente sabemos que “la ciencia es inapta a ordenar las cosas”, como piensa Jung.
Marlraux al constatar la aventura occidental que empieza a esta época, escribe: “ entonces se descubre hasta la estupefacción (con el ejemplo de las guerras…) que la Ciencia no posee ningún valor ordenador. El cristianismo formaba cristianos; la ciencia no ha dado más… Capaz de elaborar sola la fuerza nuclear, de descubrir la anestesia, ella no es capaz de criar sola un adolescente”. Agrega Marlraux, en una formula sintética y muy clara: “ existe una formula de la energía, pero no del sentido del ser humano…
La exaltación de la ciencia, de la potencia exterior del ser humano, no es una verdadera exaltación: “ En la tierra entera, la civilización quien le ha conquistado no supo construir ni templo, ni una tumba”. Marlraux habla aún de la “iglesia moderna, en donde Cristo está ausente…”
El humano occidental moderno, heredero de Descartes y de Bacon, es tal vez muy poderoso, pero no sabe más porque el vive. De allí reside el fallo espiritual de Occidente. A que sirve, decía Marlraux, ir sobre la luna, si es para suicidarse de allí?”
ACENTUACIÓN O PROFUNDIZACIÓN DE LA NACIONALIZACIÓN EN OCCIDENTE: SIGLO XVIII, FIN DE LO RELIGIOSO.
La “ profanación” iniciada en el siglo precedente, es decir el rechazo deliberado de la dimensión religiosa de la existencia y del desarrollo del racionalismo escéptico encuentra su acentuación máxima en el Occidente del siglo XVIII. Esta profanación se expresa mas en el campo de las formas, es decir en las artes plásticos: las formas del siglo XVIII no tienen mas nada de religioso, en el sentido tradicional del termino.
Recordamos que el siglo XVIII es el siglo de la Ilustración, de las luces de la razón, la razón iluminada. Es el siglo de la absolutización dela razón. Nunca antes ha habido época tan íntimamente penetrada y entusiasmada de la idea de progreso intelectual que el siglo de la Iluminación. Progreso en sentido quantitavo, progreso in indefinitum, no progreso cualitativo.
El siglo XVIII esta penetrado de la fe en la unidad y la inmutabilidad de la razón. Es la época del racionalismo a ultranza. La razón es una e idéntica para todo sujeto pensante, para toda nación, toda época, toda cultura. Es el reino del imperialismo racional, del hegemonismo de la razón y de su universalidad.
Siglo XVIII equivale a siglo de la razón triunfante o siglo filosófico (filosofía de la Iluminación).
Como dice Monn, “ no surge todo los días, ni aun todos los siglos, un tipo de humano que pierde una relación milenaria con el cosmos, y que conquista el mundo”. De este punto de vista, no hubo transición, paso entre, la Edad Media ,por ejemplo, y la Modernidad; hubo ruptura radical.
Ya podremos insinuar con seguridad que modernidad equivale a racionalización. Más aún, el pensamiento occidental lleva una particularidad basada en el salto del rol esencial atribuido a la racionalización a la idea más amplia de una sociedad racional, en la cual la razón no gobierna únicamente la actividad científica y técnica, pero el gobierno de los seres humanos tanto que la administración de las cosas.
Muy a menudo, piensa la sociedad como un orden, una arquitectura fundada sobre el cálculo; a veces, hace de la razón un instrumento al servicio del interés y del placer de los individuos; a veces la utiliza como una arma crítica contra todos los poderes, para liberar una “naturaleza humana” que había sido rota por la autoridad religiosa.
En todo caso, el pensamiento occidental hace de la racionalización el único principio de organización de la vida personal y colectiva, asociándola con el tema de la secularización, es decir de la separación de toda definición de “fines últimos”.
Podemos decir que Occidente ha vivido y pensado la modernidad como una revolución. Es una tabula rasa de las creencias y de las formas de organización sociales y políticas que no descansan sobre una demostración de tipo científico. Todo es borrado por la razón que no reconoce ninguna experiencia anterior.
Así que se habla de la ideología occidental de la modernidad, que se puede calificar de modernismo, que reemplaza la idea de sujeto y la de dios por aquella de sociedad y de historia. La famosa formula: lo que vale por la sociedad vale por el individuo. la sociedad sustituye a dios. La ideología modernista es la afirmación de la muerte del sujeto.
El modernismo es un anti-humanismo porque sabe que la idea del humano esta ligada a aquella del alma, que impone aquella de dios. El rechazo de toda revelación y de todo principio moral crea un vacío, que esta llenado por la idea de sociedad, es decir de la utilidad social.
“Se dice que el Occidente moderno es cristiano, pero es allí un error. El espíritu moderno es anti-cristiano porque es esencialmente anti-religioso.. Occidente fue cristiano en la Edad Media, pero no lo es más”. ( René Guénon, la crise jul monde moderne). Muchas sombras en la iluminación moderna. Se diría la iluminación moderna oscurece a la humanidad, como la civilización “ensalvajiza” a los seres humanos.
Como dice Malraux, en el mundo occidental del siglo XVIII se desaparece el “Absoluto”.
HIPERTROFIA DE LA RAZÓN Y LA NEUROSIS MODERNA
La expresión : “ Siglo de las Luces”, significa que la razón ocupa el mayor lugar en el ser humano. Lo que se llamaría la “ disociación psicológica” propia al ser occidental moderno. Tal disociación es generadora de neurosis. Y en tal caso hay que aceptar que la “hipertrofia racional” es la causa de las catástrofes que hemos vivido a fin del siglo pasado, y que estamos viviendo a principio de este siglo XXI- tercer milenio, como una reacción.
El siglo XVIII, fue el siglo de la deificación de la razón. Roberspierre quería que se rindiera un culto a la “Diosa Razón”.
Los Griegos decían que toda prosperidad engendra el orgullo, quien engendra a su vez el castigo. Esta ley trágica (el ciclo: “Koros-Hybris-Atè -dios”), concierne tal vez además la sicología, la historia: esta idea es central, por ejemplo, en la visión de la historia de Toynbee. Pero ya el mito decía la misma cosa que los psicoanalistas de hoy, en su jerga: El mayor peligro de la exaltación, del llamado hacia la luz, es el ahogo; al querer aproximarse demasiado del sol, Icaro fue tragado por las aguas.
Es fácil de entender que Occidente sufre de megalomanía, la locura de ser grande.
A continuación presentamos un resumen para finalizar este segmento, destacando algunas de las características de la modernidad.
La modernidad nace de la confianza absoluta en la razón humana y en el libre albedrío. La persona se siente capaz de transformar el mundo. La naturaleza es para ser explotada y transformada.
Predominio de la mentalidad científico-técnica que exige la verificación de cualquier información.
Predominio de la cultura, del concepto, de la idea.
La modernidad es impulsadora del proceso de secularización.
La modernidad es un racionalismo extremo que ha llevado a la no creencia y al agnosticismo
La modernidad es una mentalidad pragmática, preocupada sobre todo por la eficacia, el lucro, y el afán por la competitividad. Se desarrolló el culto al trabajo maquinaria.
La ciencia y la técnica cambian el modo de pensar y de sentir de las personas.
En síntesis, las dos características principales de la modernidad son: la autonomía de la persona frente a cualquier forma de sujeción y la racionalidad en oposición a toda forma de religiosidad o fe, excepto de la diosa razón, un sagrado secularizado.
DESAFÍO Y RESPUESTA EN LA HISTORIA DE LAS CULTURAS: ROL DE LOS MITOS
¿QUE ES EL MITO?
El discurso de la modernidad es un discurso sobre lo real, lo racional, lo objetivo; es el triunfo de la razón sobre los sentimientos, las pasiones, la subjetividad, es decir sobre la religión, la magia y la mitología como si estas tres últimas eran iguales.
Así hasta en el siglo XIX en el lenguaje común, el mito significaba todo lo que se oponía a la “realidad”. Es decir hablar de mitos es referirse a lo irracional, lo irreal, lo fabuloso (la falsedad), lo imaginario, lo sentimental, lo pasional, lo subjetivo, lo primitivo, en fin todo lo negativo por decir lo así. Son unos de los clichés utilizados por el iluminismo y el positivismo de Auguste Comte, el padre de la religión de la humanidad.
Se empieza a conocer y a comprender el valor del mito tal cual ha sido elaborado por las sociedades “ primitivas” y arcaicas, es decir por los grupos humanos en donde el mito se halla ser el fundamento mismo de la vida social y de la cultura. Algo muy llamativo: para estas sociedades el mito expresa la verdad absoluta, porque relata una historia sagrada, es decir una revelación trans-humana que ocurrió en el umbral del Gran Tiempo, en los tiempos sagrados de los comienzos (in illo tempore).
Etimológicamente, el mito es una palabra. Naturalmente, no es cualquier palabra: se debe al lenguaje unas condiciones particulares para ser mito. Desde ahora hay que apuntar que el mito es un sistema de comunicación, es un mensaje. Fundamentalmente, el mito es un relato simbólico, un relato “sagrado”. Un relato, de otra manera es una historia relatada, recitada, contada. Pero no se trata de cualquier historia. Es una historia sagrada. La historia fechada, sucesoria, relatando hechos atestados, no es evidentemente un relato mítico.
La definición mas esencial y operativo para entender el fenómeno del mito se expresa en estos términos: el mito es el relato de un acontecimiento originario, en el que actúan los dioses, y cuya intención es dar sentido a una realidad significativa.
Los dioses son los actores protagónicos de los mitos. Son los dramatis personae.
La característica del mito es situar el acontecimiento narrado en un horizonte primordial. Es el illud tempus de que habla Micea Eliade en sus libros. Pero el comienzo del suceso mítico no es cronológico. El mito no suele usar números para señalar fechas, sino expresiones vagas como “en otro tiempo”, “al principio” (cf.Gn.1,1; Jn.1,1).
El relato mítico narra el Tiempo de antes del tiempo o de los tiempos, el Advenimiento de antes del los avenimientos. Así el presente, en lo que el tiene de esencial y entonces de “sagrado”.
El tiempo y el espacio del mito no son coordonables con el tiempo y el espacio de nuestra experiencia. La noción de primordialidad es fundamental. Como instaurador de una realidad, el suceso mítico le da sentido, por cuanto esta remonta, en ultima instancia, a la primordialidad trascendente, por la actuación protagónica de los dioses. El mito aparece como el relato de un acontecimiento Instaurador.
En toda sociedad hay instituciones, leyes, costumbres, figuras, especialmente significativas. En toda cultura humana hay lugares, instrumentos y técnicas, elementos de la naturaleza (árboles, ríos, semillas, animales, o lo que sea), que tienen que ver con la vida de una comunidad.
Hay fiestas y ritos que acompasan la vida ordinaria con una referencia a lo sagrado. Ahora bien, todo lo que s significativo para un pueblo necesita ser originado por los dioses.
Pues bien, el mito es el relato de ese origen divino de las cosas y de las instituciones. Ese es el modo como el mito expresa la experiencia religiosa de lo originario; como denota la sacralidad hierofanizada en aquello que le concierne profundamente en su realidad.
Todo mito, entonces responde a una pregunta del homo religiosus sobre su ser-en –el –mundo. No hay mito sobre cosas banales.
Se ve de allí que el mito no pudiera ser un objeto, un concepto, o una idea; es un modo de significación, es una forma.
Repetimos que mito significa palabra-relato. En cuanto tal, se opone entonces tanto a logos, palabra-discurso, que a lo que lo escribiendo se aleja de lo que la palabra tiene de vivo y de invisible.
El mito pertenece al circulo de la oralidad. La palabra como poder . nombrar es captar, es también hacer existir de bueno. La palabra como juego (re)creativo. Todos los juegos del lenguaje. Roma es símbolo del Amor, porque leído al revés da Amor. Adam (adame) es verdaderamente el nombre simbólico del ser humano porque significa que sale de la “tierra” (adama) y que es soplo (“a”) y sangre (dam).
Dicho de otra manera, una vez que un relato se sirve de la palabra como poder y juego sagrado, relata la aparición de lo que fue lleno por la primera vez (en este tiempo primordial) y se coloca al rito para imitarle el operatorio eficaz, todo eso usando de un lenguaje simbólico, este relato, y ello solo, es un relato mítico.
Que se trate de héroes, de encarnaciones divinas o de dioses, toda mitología esta fundada sobre la personificación de ciertos principios cosmológicos o de virtudes particulares. Lo que vale en la mitología, es el principio representado y no las leyendas que están a su alrededor para comprender mejor lo que simboliza.
El mito es un meta-lenguaje, porque es la secunda lengua, en la cual se habla de la primera. En sentido propio o primero, el corazón significa el órgano central del aparato circulatorio. En el sentido figurativo o simbólico, significa toda situación “central”: al corazón de la ciudad, al corazón del desierto, al corazón del debate, al corazón de la guerra, etc.
MITOS Y MITOLOGIA HOY EN DIA:LOS MITOS DEL MUNDO MODERNO
Es evidente que algunas mitologías, en cuanto conjunto de relatos míticos, han muertas. La egipcia, la mesopotamiana, la griega, la romana, por citar solamente estas.
Otras sobreviven más tanto bien que mal sin que se sabe bien si están agonizando o si van a poder cambiar de rumbo, a adaptarse a esta nueva forma de civilización, post-industrial, científica, burocrática, informática, cibernética quien como un sendero de polvo recorre el planeta . es el caso , sin duda, de las mitologías africanas, que sean sacudidas por el cristianismo, el Islam, o asustadas por la misma estructura de la modernidad. Como también el caso de las mitologías amerindianas.
En cuanto a aquellas que se portan bien y que diseminadas sobre el planeta dentro de unas pequeñas comunidades étnicas no muy infectadas todavía por los fuegos cruzados de nuestra civilización- esfuerzos misioneros religiosos (cristianismo, islamismo) o laicos (ideologías marxista, liberal, democrático), intereses mercantiles – sus días de relativa pureza son contados.
Es en Asia, parece, y singularmente en la India que la mitología clásica mantiene su cara, resiste al golpe, queda profundamente enraizado en el imaginario y se nutre de ritos numerosos. No es que la India escaparía mas que otra civilización a las seducciones de la modernidad científica, técnica, democrática, pero probablemente porque el imaginario mítico hindú constituye ese mental cuyo tal no se puede liberar.
Como quiera, el mito en cuanto a “relato sagrado”, en cuanto a lo se narra y que, como por hecho expreso, parece responder a las tres cuestiones raramente explicitadas como tales: de donde venimos? Quien somos? A donde vamos? Este mito es siempre actualizado, cualesquiera su mascara. Es decir que habrá mito hasta que estas preguntas existenciales quedan sin respuestas. Se trata de vida-muerte-fin.
Confiarse exclusivamente en la razón, limitar el ser humano al horizonte de la racionalidad sola, es exponerse, temprano o tarde, a ser ahogado y devorado por los monstruos. “ la razón no basta a dar cuenta del ser humano….”. el inconsciente reprimido arriesga de vengarse, temprano o tarde, y cuanto mas violentamente que el ha sido fuertemente reprimido (tal animal que se convierte peligroso cuando ha sido herido).
Es por eso que en las épocas de Barbarie triunfante son, se podría decir, directamente llamadas por las épocas de racionalismo triunfante.
Según Karl Gustav Jung, toda “inflación” del yo, todo orgullo “paranoico”, o toda confianza excesiva puesta en los poderes de materia de la razón, llaman directamente la sumersión por el inconsciente; este regreso al contrario en los excesos de una determinación, Jung lo llama “enanciodromia”, una situación transformada en su contrario.
El mundo moderno parece desprovisto de mitos, hasta que se sostenga que el malestar y las crisis de las sociedades modernas se explican justamente por la ausencia de un mito propio a ello.
Jung titulaba uno de sus libros El Hombre a la descubierta de su alma, subyacente que el mundo moderno – en crisis desde su ruptura de las profundidades con el cristianismo – esta en búsqueda de un nuevo mito, que solo le ayudara a reencontrar una nueva fuente espiritual y le reinvertirá de sus fuerzas creativas.
Precisamente, el ser humano es capaz de responder al desafió de la angustia, por la búsqueda de nuevos sentidos, nuevos mitos salvadores. Los mitos son siempre necesarios. Son de una necesidad existencial.
En esta patente capacidad, en el fondo, de responder de manera creativa a un desafió-estimulación, el historiador ingles Tonybe ve la clave de la marcha de la historia universal. Porque entonces, como dice la Biblia, “sin visión, el pueblo perece”. Cual va ser entonces el mito salvador por el cual occidente va responder, a partir del siglo XVII, al desafió de su inquietud?
Comprendemos obviamente que el mundo moderno occidental no es rico en mitos.
Sin embargo se habla del mito de la huelga general, del cartesianismo francés, de un mito “arriano o nórdico-germánico”,mito de la pureza y de la superioridad de la raza nórdica o germánica , que fundamenta el nazismo de Hitler, pensamos en Auschwitz, la exterminación de los judíos; el mito del arte que recrea; mitología del estadio, donde actúan los dioses del estadio, Maradona, por ejemplo, el futbolista argentino, es considerado como el dios del fútbol, existe una liturgia futbolística del fin de semana; el mito de la democracia. La democracia es considerada como diosa. A tituló de ejemplo, se podría citar el caso de o estudiantes chinos revoltados contra el régimen comunista y que ,en mayo 1989, en la plaza Tien-An-Men, en Pekín, edificaron una estatua que ellos bautizaron “Diosa de la Democracia”. En abril de 1990, simpatizantes de este movimiento que ha sido fuertemente reprimido equiparon un navío con emisores de radio para enviarlo cerca de las costas chinas. Lo pusieron el nombre Diosa de la Democracia.
Paradójicamente, recuerden también que Auguste Comte, el fundador de la filosofía positivista, quien había criticado la edad teológica y la edad metafica, y de quien se pudiera esperar en nombre de la ciencia racionalista desaprobaba toda especie de sacralización, predicaba al contrario una religión de la humanidad que, de una manera desafiaba la sociedad. Bajo la influencia de Clotilde de Vaux, el dio un color místico a su filosofía quien era al principio muy agnóstica. La adoración de la humanidad, prometida al rango de “Ser Supremo”, era ritual izada y tenia como patrón “santa Clotilde”.
Debía tener sus prolongaciones morales, sociales y políticas. La religión comtiana tuvo sus sacerdotes, sus adeptos, sus templos, sobretodo en Brasil donde ella no ha desaparecida todavía.
Hay que descartar que, es notable, que los regímenes que confiesan su ateismo no son los mas opuestos a un culto de la personalidad que tiende para así decir a laicizar en lugar de eliminar el recurso a una trascendencia del poder detenido por el jefe supremo. Si aquello no recibe la unción sagrada de la iglesia, la recibe del pueblo. Así, la magia, el tabú, el sagrado nunca son ausentes de la vida política.
Por ejemplo, el Fuhrer Adolf Hitler entretenía, con el sagrado relaciones mas complejas y con les iglesias católicas y protestantes relaciones que s podría calificar de competitivas. Sin embargo, su jefe de propaganda, Goebbels, había ciertamente comprendido que la autoridad de su maestro no podía ser mejor asegurada que por signos y símbolos propios a suscitar pulsiones afectivas, semejantes a aquellos que son usualmente asociadas a la fe religiosa. No se iba hasta divinizar el Fuhrer, pero se tendía a hacer de el un personaje mas o menos sagrado. Los grandes agrupamientos en Munich o en Nurenberg parecían a las grandes misas.
Al mismo tiempo, mas al Este, el dueño incontestado de la Rusia Soviética, Joseph Staline, llevaba de frente la propaganda antirreligiosa y la ascensión de su propia persona encima de la humanidad ordinaria. Trotski, su antiguo compañero de lucha convertido en adversario y mas tarde en su victima, notaba que Staline se presentaba como la fuente de toda verdad, y no temía afirmar: “la sociedad es yo.” Así decían los reyes y los monarcas de la antigüedad. Mas tarde, al inaugurar la “des-stalinización”, su sucesor, no menos marxista, Krouchev, le reprocho de haber instaurado “la glorificación del individuo, su elevación al rango de superhombre dotado de cualidades sobrenaturales, comparables a las de un dios, [...], que crea saber todo, ver todo, poder todo, pensar para todo.”
Se puede decir todavía mas de Staline en cuanto al culto de la personalidad, porque fue el que regulo los rituales de la casi adoración de Lenine, de quien el se quería ser el sucesor legitima. Sabíamos que los restos de Lenine descansaban el mausoleo de la plaza Roja y una numerosa masa humana iba desfilando e inclinando cada día ante su féretro como relicario de un enviado del cielo. En cuanto a Staline mismo, fue venerado como el “padre de los pueblos”, el “salvador de la patria”, el “guía genial de los trabajadores”, se le hacia letanías que eran como oraciones a un dios.
El caso de Mao no es diferente, su persona es de naturaleza mística y se presenta, en la mente del publico, bajo tres dimensiones: la del sabio, la del héroe y la del santo. De hecho, el encarna al mas alto nivel la sabiduría campesina, el es héroe de la Larga Marcha que condujo al poder, y el es el santo de Yenan. Donde sea que Mao haya vivido, hablado, enseñado, pisado, se tiene la impresión de visitar a un lugar sagrado. El guía de estos lugares te los muestra, dice Alain Peyrefitte, tomando el tono del sacristán quien hace admirar a su iglesia. Se dice de : “El pensamiento de Mao Tsêtoung que era una bomba atómica espiritual que ayudo a China a superar sus dificultades.
El Che en Cuba, es igual. En el 97 para conmemorar los 30 años de su muerte, fue una devoción totalmente religiosa, los restos trasladados de Bolivia a la Habana Cuba, de la Habana a Santa Clara, en caravana, con peregrinaje a pie. La noche del 11 de octubre la Plaza de la Revolución estaba repleta de gente venidos de toda parte del mundo para rendir homenaje al Che. Hasta yo estaba allí. Cinco a 6 horas de pie en una fila, esperando su turno, que finalmente llego a la una de la madrugada. Al final escribí un articulo titulaba “Santo Che” de América.
En los países modernos donde la ideología oficial heredada de Karl Marx prohíbe el culto de los objetos sagrados, los restos mortales de sus héroes son tratados con un respeto casi religioso.
Lo sagrado no es solamente el cadáver, es también la tumba, es el cementerio. Los dominicanos van a rendir tributos a Peña Gómez, los del Movimiento Popular Dominicano (MPD), estuvieron el mes pasado a la tumba de uno sus dirigentes, Amin Hasbun. Eran comunistas.
El mito del progreso histórico. Es el mito definitivamente moderno; mito en el cual ciencia y historia juegan casi el papel de “divinidades”. Mitos que relatan muchas historias y cuyos héroes conquistadores – Darwin, Pasteur, Marx, Einstein, Freud, los premios Nobel, los cosmonautas – cumplen la gesta.
El progreso esta de fiesta solo por ello y para ello, en el mundo moderno. El “progreso” no es mas que una idea moderna, y por consiguiente una idea falsa. La idea de progreso es mas cuantitava que cualitativa.
Nietsche en su obra El Anticristo, dice”considero que un animal, una especie o un individuo están corrompidos cuando dejan de lado sus instintos, cuando escogen, cuando prefieren lo que les es nocivo.” La concepción moderna del progreso es en realidad algo nocivo. Progreso: optimista y sin fin en el que germinan las utopías.
De verdad, el nuevo mito salvador para los modernos es la Historia. La Historia es lo que sustituye en el occidente moderno al Absoluto. El mito histórico sucede en occidente al mito cristiano. Historia: o sea el tiempo vivido como una unidad de progreso. Existe un matrimonio sin divorcio entre historia y progreso en occidente moderno.
CONCLUSIÓN
Digamos para concluir, que estamos acostumbrados a asociar la idea de civilización a un cierto desarrollo tecnológico que perdamos de vista el nivel de conocimientos humanos y de la cultura en épocas que llamamos prehistóricas-pre-lógicas o pre-racionales. Periodos durante los cuales imaginamos la tierra como poblada de salvajes con barba armados de garrotes.
Es por eso que la ideología modernista afirma la muerte del sujeto, dice Alalin Touraine. La corriente dominante del pensamiento occidental, del siglo XVI hasta hoy día, ha sido materialista. El recurso a Dios, le referencia al alma han sido constantemente considerados como herencia de un pensamiento tradicional que había que destruir. Es una lucha contra la religión.
El triunfo de la modernidad, es la supresión de los principios eternos, la eliminación de todas esencias y de estas entidades artificiales que el yo y las culturas, al beneficio de un conocimiento científico de los mecanismos bio-psicológicos y de las reglas impersonales no escritas de intercambio de bienes, de palabras y de mujeres.
Es momento de reconocer nuestros limites, del papel que eso pueda jugar en la jerarquía de los seres. Hay que hacer un regreso a la sabiduría. Para la recuperación del sentido de la existencia.
Para explicar y justificar la propensión de de-sacralización, se invoca corrientemente el hecho que vivamos en una época donde, bajo el efecto de la ciencia y de la técnica, todo cambia a gran velocidad, de tal manera que seria anacrónico pegarse a valores o creencias inmutables.
Pero el argumento se vuelve fácilmente. Es precisamente cuando todo cambia que se necesita mas de principios estables. El regreso de lo religioso es, cierto, muy a menudo, un movimiento de contra – modernidad.
Ya André Malraux predecía que el siglo XXI seria el siglo de la espiritualidad. En la mente de este estetita, eso significaba el regreso de lo sagrado. Hans Khun, teólogo alemán, decía el siglo XXI será el del ecumenismo. Yo añadiría será el siglo del macro ecumenismo, es decir un referente que articula el deseo y la esperanza de poder habitar humanamente la tierra. Macro ecumenismo es petición y oferta de testimonio y dialogo desde las diversas culturas, raíces sociales y religiosas que animan las culturas y subculturas. Eso es una gran verdad.
Y según René Guénon para este regreso a la sabiduría: no se trataría entonces, en fin, que una reconstrucción de lo ha existido antes de la desviación moderna, con la adaptaciones necesarias a las condiciones de otra época…”. Oriente podría muy bien venir al auxilio de Occidente, si lo quiere Occidente, no para imponerle concepciones que le sean ajenas, sino para ayudarle a reencontrar su propia tradición cuya sentido se ha perdido.
Unas citaciones que pienso sean útiles para terminar esta larga ponencia.
“El Occidente ha creído durante largo tiempo que la modernidad era el triunfo de la razón, la destrucción de las tradiciones, de las pertenencias, de las creencias, la colonización de lo vivido por el calculo.
Pero, hoy día, todas las categorías que habían sido sometidas a las elites ilustradas, trabajadoras, colonizadas, mujeres y niños, se han revoltados y niegan llamar moderno un mundo que no reconoce a la vez a su experiencia particular y su acceso a lo universal. De tal manera que aquellos que se identifican a la razón parecen de hoy en adelante como los defensores de un poder arbitrario.” Alain Touraine.
“todo permite predecir… la reaparición gradual del dionisiaco en nuestro mundo contemporáneo”. Friedrich Nietsche.
“Creo que la humanidad necesita regresar al panteísmo. Tenemos que reencontrar el respecto y consideración que teníamos originalmente hacia la dignidad del mundo natural y no solamente humano. Necesitamos para eso una religión verdadera”. Arnold Toynbee.
“El Occidente ha perdido su propia tradición y ha alejado al ser humano de la naturaleza y de lo divino. Tenemos que descubrir allí que los ritos y las creencias del mundo occidental antiguo son muy cercanos del Shivaismo y son fácilmente explicados por los textos y los ritos preservados en la India. Son las religiones relativamente recientes del mundo arriano y semítico, Judaismo, Cristianismo, Islamismo y Comunismo que han alejado el humano del resto de la creación y de la experiencia religiosa y mística multimilenaria cuya tradición es preservada en la India hasta hoy en día y Occidente, si quiere sobrevive, tendrá que reencontrar:” Alain Daniélou.
“La comprensión del mito contara un día dentro de las mas útiles descubiertas del siglo XX. El ser humano occidental no es mas el dueño del mundo: delante el, hay ahora no mas “indígenas”, sino interlocutores. Es bueno saber como iniciar el dialogo: es posible reconocer que no existe mas solución de continuidad entre el mundo “primitivo” o “ atrasado” y Occidente moderno. Hay que tomar conciencia de lo que queda todavía de mítico en una existencia moderna.” Mircea Eliade.
“Nuestra vida cotidiana se nutre de mitos: el catch, el strip tease, el auto, la publicidad, el turismo… que pronto nos inundan.” Roland Barthes.







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