No hay que tener una iguana Sandra ni un culebra Amanda ni
trabajar como mago en el Parque Enriquillo para imaginar el día en que perdamos
al Doctor. Hagamos ejercicios de la imaginación, querido lector nativo. Algún
día tendrá que llegar el día en que el Dr. Balaguer firme contrato con los
Angeles. Eso es lo más naturalmente humano.
Lanzo estas ideas para que el caso no nos agarre asando batatas. Hay que
prevenir y no remediar, señores.
Se anunciará lo más tímidamente posible el caso. Uno de los segundos en
enterarse será el Presidente de la República, luego de que los Altos Mandos se
hayan pasado la información como una papa caliente. Presidente y Altos Mandos se
reunirán con los directores de Diarios, personalidades de la Comunicación y uno
que otro farandulero que haya pasado por ahí, para redactar un comunicado donde
se dirá que a pesar de la sensible pérdida, la Democracia tiene que seguir su
agitado curso.
Una tensa calma combinada con saltos serán los contrapunteos del Día Después. Se
saltará de tristeza, de consternación. ¿Arrancar para el colmado, mandar los
niños a donde mamá o artillarse con una caja de frías en la casa? ¿Te ví o no te
ví, TV?
De inmediato se suspenderán todas las fiestas, los supermercados se atiborrarán
de clientes agarrando cuanta botella y morcilla que pueda aparecer, pensando en
el acabose del país.
Por la noche Freddy Berás comenzará a llorar a las 11 y 15 lamentando tan
sensible pérdida, justamente después del anuncio de algún condimento. A su lado
estarán Cuquín, Boruga, y dudo que Socorro, haciéndole un coro de caras
compungidas. En el guión estará contemplado: "El Doctor ha sido una gran
persona, como un padre. Muchas veces lo enfrentamos en lo público y en lo
privado, pero al final hay que reconocerlo como uno de los Padres de la
Democracia Dominicana..." El mensaje no debe ser muy largo, porque, como se
supone el altísimo rating, los anuncios estarán en sus buenas. Se pasarán luego
cortes con las mejores personificaciones que hacía Cuquín del Doctor, luego
aparecerá Lope, lamentando la pérdida del tío, para decir a seguidas, que de
todos modos, la vida tiene que seguir... "y vean, que aquello de que a cualquier
se le muere un tío funciona"...
En esa misma noche habrán horas extras en todos los diarios, pensando cómo hacer
para que quepa toda esa cantidad de condolencias al mismo tiempo que "hay que
mantener la calidad del periódico". Las calles estarán vacías hasta las 11 de la
noche, todo el mundo pendiente de cómo fue y que pasará ahora con el Partido, el
País, la Epoca, el Mundo, el Cosmos.
A esas mismas horas los Altos Dirigentes Reformistas estarán discutiendo que
dónde lo velan, a quién se invita al entierro, el tiempo de duración, las
monedas que hay que flojar para el evento con el que cerraremos el siglo. Todos
estarás desasitiados. Unos dejarán caer lágrimas justo en el momento en que los
chicos de la prensa acaban de sacar la Canon. Otros, más adustos, y siguiendo la
escuela cicerónica y espartánica del Doctor, no dirán ni ¡ji!.
Todos los otros Altos Dirigentes también estarán en esas. Que todos van, es
claro, el problema es el turno que unos y otros harán, mañana, tarde, si a la
entrada o a la salida de la Catedral, etc. El único que no irá será Narciso,
porque se sabe que ese rebulú es viejo, y sin embargo, también Narciso estará
reunido para ver qué hará el resto de su vida.
Los que más tendrán trabajo, aparte del Presidente, los Altos Mandos y
Dirigentes, más todavía que los directores de Prensa, serán los fotógrafos y los
distribuidores de cerveza. Ni unos ni otros sabrán cómo satisfacer la demanda.
Los primeros querrán tomar la cara del difunto, mientras que los segundos
pensarán que habrá llegado navidad.
En la primera plana de los diarios constataremos cómo el mundo nos da el pésame
en tan terrible pérdida, desde el rey de España -su viejo amigo- hasta el
presidente Clinton, colándose naturalmente Fidel, todo un habitué de fiestas.
Desde Bánica hasta Miches -pasando por Jacaranda, más lleno que nunca de
comensales- el dolor será el mismo. Ancianas llorarán hasta la ronquera, con sus
pañuelos rojos en la cabeza, con un niño en los brazos y la trulla alrededor.
Unos tipos estarán jugando dominó cuando llegue el camarógrafo, y dirán, con
esas caras típicas dominicanas de yonofuí, que es una pena, que el Doctor ha
sido un gran hombre, pero que la vida tiene que seguir.
Todos tirarán el mismo casete, qué terrible. Sí, la vida sigue su agitado curso,
Rodriguito, qué sabio eres.
Las reuniones y el ponerse en la mesa de trabajo se expandirá como una epidemia
peor que la de los piojos, porque cada a cada quién se le preguntará cómo afectó
el Doctor en su vida. Aparte de los políticos consabidos, encontraremos a
intelectuales de los más variados calibres, naturalmente estarán los
empresarios, beisboleros, felices e infelices, semióticos, bulteros, y un
etcétera ab infinitum.
Corporán de Todos Los Santos leerá en vez de improvisar, para evitar que le
habran un bulto. Jack Veneno dirá que "hemos perdido a un gran luchador". Andrés
L. Mateo, Enriquillo Sánchez, José Mármol y Zoila Puello expresarán que el país
"ha perdido una gran pluma". La palabra "pérdida" se pondrá tanto de moda, que
habrá que apelar al Verbo Divino de Osvaldo Cepeda para localizar algún sinónimo
justo y correcto.
Ante las farmacias nocturnas habrá una fila más grande que en una para recoger
funditas. Los moteles harán rebajas escandalosas ante la posibilidad de que el
negocio flaquee por una semana. Las frituras harán horas extras, porque después
de un jumo lo más correcto es aplicarse una torrejita con chicharrón, porque
sabrás, my dear, que sólo la grasa da la gracia de ajumarte, estar cool y no
hablar disparates.
Noche loca la última noche del Doctor y el día después. Fíjense que no he
hablado de gira al cementerio, porque esa es otra historia, en el mundo del
Pequeño Adams.