La Sociedad Taina

Rincón Dominicano 2 octubre, 2011
La Sociedad Taina

División Regional y Demográfica

 

 

Aunque tradicionalmente se han aceptado como cinco los cacicazgos de la isla de Santo Domingo, lo cierto es que la crónica, diversas investigaciones hechas por autores dominicanos, y hallazgos arqueológicos, revelan que existían numerosos caciques, aunque en algunos momentos estos se aunasen en torno a un cacique principal, esto casi siempre de manera eventual y no definitiva. Las crónicas de repartición de encomiendas, del siglo XVI, revelan que los caciques, eran, realmente, jefes ciánicos, representantes de linajes. La división regional, era, por tanto, una división de actividades tribales establecida por el modus operandi de la cultura y por acuerdos intertribales. Aunque algunos autores como Ángel Rosemblat consideran que sólo había en la isla de Santo Domingo 125.000 habitantes al momento de la conquista, las investigaciones arqueológicas del Museo del Hombre Dominicano revelan unos 500 yacimientos para el período taíno. Si se asignan 500 personas por yacimiento, en el momento de la conquista, la población no podía ser inferior al cuarto de millón, y posiblemente podría ser —ya que existen sitios desconocidos— de aproximadamente 400,000 personas.

La sociedad taína se conformó en torno al cacicazgo y usó como método de trabajo la actividad colectiva. No existía la propiedad privada de la tierra, ni de los instrumentos de trabajo. La distribución de la producción estaba supeditada al dominio cacical, y el cacique estaba autorizado a separar un sobrante ritual para fiestas, actividades y actos de la comunidad. La división del trabajo entre los taínos se basó en el criterio de sexo y edad. La mujer hacía las funciones de alfarera y cestera, el hombre cazaba, pescaba y recolectaba, si era necesario iba a la guerra, y ayudaba a la mujer en el inicio de la quema y tala del bosque, así como en las faenas agrícolas más duras. Los niños cuidaban del sembradío y aprendían las actividades masculinas.

Los estudios arqueológicos han demostrado que los taínos no vivieron solos en las islas. Su cultura fue el resultado de una evolución local con influencias venezolanas y posiblemente de las Guayanas. Otros grupos, los llamados macorixes, compartieron con los taínos parte de la isla de Santo Domingo. Las cerámicas de los macorijes, corresponden a una tradición de alfareros cuyo hábitat inicial fueron las arenas limosas de los ríos. Taínos y marcorijes se ubican, simultáneamente, entre los siglos IX y XVI después de Cristo. Los estudios arqueológicos revelan que los llamados sub-taínos de Cuba, fueron, en verdad, una mezcla entre taínos y macorijes. Dicha mezcla pareció sin darse en la isla de Santo Domingo, y en la costa norte de Haití, extendiéndose por las Bahamas y Cuba, en donde es posible establecer cerámicas que presentan, unidos, aspectos relevantes de las expresiones taínas y macorijes. Así como las cerámicas taínas se relacionan con el estilo Boca Chica, las macorijes se relacionarían con el estilo denominado Meillac, oriundo del valle del Cibao, en la República Dominicana.

Para una definición de la Cultura Taína

Ha sido una costumbre entre los historiadores y algunos arqueólogos llamar “cultura taína” al producto material y superestructural de las sociedades aborígenes que habitaron parte de Puerto Rico, Cuba y la isla de Santo Domingo. Así los llamados “taínos” han sido considerados como un grupo homogéneo, con pocas diferencias, portador de una expresión artística con relativo alto grado de desarrollo.

La palabra “tayno”, cuyo contenido según Mártir y el propio Álvarez Chanca, significó “noble” “bueno”, fue escuchada en la costa norte de la isla de Santo Domingo, antes, y en las Antillas Menores y era posiblemente parte del lenguaje arawak de grupos indígenas que estarían bajo el mando del cacique Guacanagarix. El propio Fray Román Pané, al relatar sus experiencias en el Macorix de Abajo —hoy parte noroeste de la República Dominicana en colindancia con la República de Haití— aporta un dato de gran interés cuando señala que había aprendido la lengua de los macorijes, antes de aprender la del valle del Cibao, tierra del cacique de Maguá, conocido como Guarionex.

La isla de Santo Domingo estaba habitada por varias culturas. Los taínos han sido identificados —y en este aspecto la bibliografía es bastante amplia— con grupos indígenas relacionables con la cerámica Boca Chica, ubicada por Irving Rouse en el sitio Carrier, de Haití, pero también en toda la costa sureste de la isla de Santo Domingo, en la occidental de Puerto Rico y en la oriental de Cuba. Sin lugar a dudas, los historiadores han confundido muchas veces el término “taíno”, aplicándolo a todas las manifestaciones culturales antillanas. Un ejemplo típico es el que citamos: “La cultura taína, objeto del presente ensayo, comprendía la gran mayoría de pobladores aborígenes de las Antillas en el período histórico anterior a la llegada de los europeos”. Esta frase, del investigador Roberto Cassá, la cultura taína hacia todo el arco antillano, aunque luego vuelve sobre sus pasos, para señalar con bastante incertidumbre, que ocupaban la totalidad de Puerto Rico, la isla de Cuba a excepción de su extremo occidental, la isla de Jamaica y las Bahamas. Señala que en la Española, además de taínos, había los Ciguayos y macorijes.

La información arqueológica obtenida hasta el momento señala que la cultura taína, si se entiende por taíno todo lo que representa la expresión chicoide, no fue total ni en Jamaica, ni en Cuba, tampoco en Puerto Rico, en donde es evidente un predominio del taíno hacia el occidente y las zonas cordilleranas centrales. No hubo, pues, un solo momento en el cual la cultura taína dominara todas las Antillas. Se puede decir que los taínos ocuparon y desarrollaron grandes parcelas culturales, y que, por lo tanto, compartieron las islas, como veremos, con grupos de diferentes modos de vida.

La idea de la cultura taína dominando todo el arco antillano, o el grupo de Antillas Mayores nos parece errática. Los taínos fueron, eso sí, los que con mayor éxito, conjugaron experiencias y formas culturales muchas veces no generadas por ellos.

Para hacer un repaso del concepto de “lo taíno”, tendría que intentar un notable recuento bibliográfico que no es posible desarrollar en este corto capítulo. Sin embargo, fue Sven Loven, quien, con su Origins of the Tainin jan Culture, West Indies, difundió la concepción de lo taíno como un todo arqueológico que tuvo gran culminación en la isla de Santo Domingo, pero que abarcó gran parte del archipiélago mayor.

Las investigaciones de campo revelan:

1ro. Que la cultura relacionable con las expresiones arqueológicas que Rouse ha denominado como “chicoides” no es del todo homogénea.

2do. Que los sitios “mellacoides”, cuya primera aproximación la llevó a cabo 1. Rouse en 1939, abundaban notablemente en todo el norte del valle del Cibao, y en Haití, Bahamas, Jamaica y parte de Cuba, lo que quiere decir que expresiones “no chicoides” fueron muy importantes en la prehistoria de las Antillas Mayores.

3ro. Que la cultura ostionoide alcanzó en algunos sitios de la República Dominicana, como es el caso de Juan Pedro, en la costa este, y varios sitios de Puerto Rico, una convivencia con gentes de la cultura taína o “chicoide”.

4to. Que los hallazgos aislados de piezas arqueológicas de carácter lítico, óseo, o de otro tipo de material, cuando han alcanzado grados estéticos importantes, han sido etiquetados como formando parte de la cultura taína, sin que hasta el momento exista prueba de ello. Esto se aplica a la mayoría de las colecciones privadas que a partir del siglo XIX fueron concentradas en las Antillas Mayores.

A no ser por la cerámica chicoide, y ciertas expresiones como las piezas de tres puntas finalmente decoradas, muchas de las obras del llamado taíno pueden ser realmente confundidas con obras de otros grupos. Nosotros, por ejemplo, consideramos como expresiones comunes a varios grupos no taínos, muertos amuletos, cuentas, colgantes diversos, vasos libatorios y espátulas, que son atribuidos a la cultura taína. Un análisis etnológico o paleoetnológico de las culturas arawacas venezolanas y luego antillano menores, revelan que el dujo, por ejemplo, banquillo de cacique, era común entre los aborígenes venezolanos y de la isla de Trinidad, lo mismo

que en numerosos pueblos amazónicos. Carlos Angulo Valdés y quien firma este trabajo reportaron un ídolo de tres puntas, de barro (trigonoceramo) en la fase Malambo de Colombia hacia el siglo IV antes de Cristo. En Guadalupe los ídolos de tres puntas, según Clerc, se presentan antes del siglo III de nuestra era y en Puerto Rico están presentes en los sitios tempranos de Sorcé, y Tecla, trabajados por el arqueólogo dominicano Luis Chanlatte. Numerosas cuentas de barro, piedra y piezas de oro mejor logradas que las taínas, han sido informadas para el siglo IV en Puerto Rico, por Chanlatte. El uso del cibucán, el burén, los polvos alucinógenos, son, en verdad, una respuesta histórica Orinoco-amazónica al problema tribal, que pasa a las Antillas con los primeros pobladores insulares de cerámicas comparables a ciertas fases de Barranca o Saladero. La posición acuclillada de los ídolos taínos, es la misma de los ídolos venezolanos y colombianos del área del Caribe, y es similar, luego, a las formas acuclilladas encontrables en las culturas mellacoides publicadas recientemente por nosotros. Visto así, en términos muy globales el problema, estamos convencidos de que es la cerámica del tipo Boca Chica la que ha tipificado los yacimientos que se consideran taínos. Esto es importante, porque algunos investigadores han llegado a la conclusión de que taíno significa homogeneidad, como antes señalé, similitud cultural, nivel similar de desarrollo socioeconómico, dominio igual del medio, y manejo idéntico de las fuerzas productivas y de los medios de producción. La cultura taína, sería así un compacto modelo económico, en la cima de una pirámide social con grupos menos desarrollados debajo, como serían, por ejemplo, los llamados sub-taínos, cuya cerámica, ahora, revela profunda relación con el área de los llamados macorijes, tal y como lo hemos demostrado en nuestro libro Los Modos de Vida Mellacoides.

Junto a la cerámica del tipo Boca Chica se han encontrado notables piezas ornamentales. Es en esta fase de ocupación dentro de la cual se revela por vez primera una tendencia al modelado con decoraciones incisas del tipo laberíntico, que aparece no con tanta frecuencia en las cerámicas saladoides insulares más tempranas, pero bajo el sistema de pintura bicolor y a veces policroma. Otros elementos que distinguen ciertas expresiones de las fases de ocupación con cerámica Boca Chica son las plazas de pelota, que si para muchos fueron típicas de la cultura taína, son hoy una muestra arqueológica común a fases ostionoides en Puerto Rico, como acontece con las plazas del Barrio Las Flores, en el área sur de la isla, y con el complejo de plazas de Villa de Taní. Con esto quiero decir que al parecer las plazas de pelota son más antiguas que la cultura taína, y que los chicoides no hicieron otra cosa que recoger una tradición que ya hacia el siglo IX fue común a pueblos centroamericanos, como acontece con algunos hallazgos localizables en Costa Rica. Otro elemento que se consideró como muy típico de la cultura taína fue el montículo agrícola. Las crónicas fueron bastante amplias en lo relativo a su descripción: el padre Las Casas —sin hacer diferencias étnicas y englobando sin dudas el todo cultural de la isla Española en su momento— destacó la importancia del montículo agrícola. Sin embargo, arqueológicamente el montículo agrícola no es el producto final de un sistema de cultivo típicamente taíno. En Puerto Rico, y cerca de la actual ciudad de Ponce, está el sitio de Collores, con montículos agrícolas relacionables con grupos ostionoides, y acontece que en El Carril, noroeste de la República Dominicana, lo mismo que en el sitio de la costa norte denominado El Choco el uso del montículo agrícola por los grupos mellacoides fue bastante común al parecer a partir del año 930. Los montículos de Collores se ubican en el siglo IX.

Toda esta información apretada y simple nos lleva hacia una versión diferente del concepto de taíno. Al parecer estamos frente a grupos con una cerámica modelado-incisa que desarrollaron grandemente sus mecanismos de adaptación a partir del siglo XIII de nuestra era. Hay momentos de la prehistoria antillana mayor en los cuales mellacoides y taínos están a un mismo nivel productivo. Se puede afirmar también que no fueron todos los grupos con cerámicas chicoides los que arribaron a un dominio total del medio, y que en muchas ocasiones la arqueología ha demostrado retrocesos enormes, pasos hacia atrás, en sociedades que están representadas por este tipo de cerámica.

La arqueología de la República Dominicana revela que entre los aborígenes prehistóricos que conocieron la agricultura y los grupos selváticos y costeros de Sudamérica, se mantuvieron profundas similitudes culturales. El cultivo de roza, por ejemplo, basado en la quema y tala del bosque, aparece no sólo entre los grupos saladoides costeros de Venezuela, sino que permanece hasta el momento mismo de la conquista en grandes áreas de las Antillas, lo mismo que en las áreas de las grandes cuencas Orinoco-amazónicas. Quiere esto decir que el cultivo de roza fue un sistema productivo que no fue sustituido en algunos lugares, por ejemplo, por el montículo. En otras zonas del país —y me refiero a la isla de Santo Domingo porque allí he hecho estudios amplios de estos procesos—, se revelaron patrones de asentamientos humanos cercanos a zonas de manglares, en los cuales se abandonó lentamente la producción agrícola hasta un mínimo, incrementándose más y más la pesca y la recolección. Hay dos sitios chicoides que son típicamente clásicos del proceso que señalo: El Soco y Punta de Garza. Uno en la desembocadura del río Soco, y el otro en la desembocadura del río Higuamo. Ambos sitios tienen cerámica típicamente chicoide; habría que incluirlos, por su modelo cerámico, dentro de la cultura taína. Pero no tienen estos pobladores un desarrollo totalmente basado en la agricultura, sino que han pasado hacia el sistema recolector, debilitándose el proceso agrícola. La explicación de este proceso está, sin dudas, en la riqueza medioambiental. El Soco es parte de un complejo ecológico en el cual el manglar dominaba; lo mismo acontecía en Punta de Garza.

Ambos sitios —y principalmente El Soco— se ubican dentro de un ecosistema de sabana, con suelos pobres en nutrientes, lluvia oscilante entre los 1.300 y 1.000 milímetros al año, y pocos recursos de recolección vegetal. El manglar rico en fauna, sostiene el proceso económico. Siendo dos sitios chicoides tienen diferencias profundas en cuanto a la cerámica. El Soco es rico en formas, modelados, y su variedad de representaciones animales y humanas contrasta con la monorrítmica expresión del sitio Punta de Garza, con inicios hacia el siglo IX, lo mismo que El Soco. Punta de Garza presenta una interesante gama de rostros y faces simiescas, una ausencia de complicación en las formas de vasijas y modelados y una clara tendencia a decorar con la incisión sin combinarla mucho con los modelados. Evidentemente Punta Garza es un sitio chicoide de pobre expresión estética; El Soco mantiene sus formas y expresiones superestructurales en una cerámica rica en modelos y modelados. Ninguno de los dos sitios es lugar de gran desarrollo agrícola. Los habitantes de El Soco provienen, al parecer, del este de la isla de Santo Domingo, y tienen alguna relación con el sitio de El Atajadizo, algo más temprano, muy vecino de la isla de Puerto Rico, y la isla Mona, en donde han sido encontradas cerámicas chicoides relacionables con Atajadizo y el propio Soco. Estas disidencias entre expresiones ceramistas del mismo estilo, son reveladoras de que aún la permanencia de cierto sistema de creencias y modelos superestructurales muchas veces está distorsionada o alejada de la base económica, y que en ocasiones la base económica ha cambiado, pero las ideas, las ideologías y formas expresivas de ésta, permanecen mucho tiempo. Para nosotros, el caso de los sitios chicoides señalados, revela, además, que no todos los tamos realizaron el mismo tipo de actividad económica, ni usaron los mismos patrones de asentamiento. Lograron, eso sí, un dominio formal de la técnica de la cerámica, el trabajo en madera, el trabajo en hueso, y en sus momentos de mayor esplendor y desarrollo, los grupos más avanzados de la serie chicoide crearon importantes obras de arte. No quiere decir, es claro, que toda la cultura con cerámica del tipo chicoide alcanzara el mismo grado de desarrollo.

Es importante señalar que a partir del siglo IX de nuestra era, y ya hacia el año 830 u 840, cerámicas mellacoides habían aparecido en la zona central del Cibao, como lo hemos informado en nuestro libro citado. El modelo mellacoide del valle del Cibao es el único modelo que no fue practicado por el poblador chicoide. Los sitios de Cutupú, Río Verde, Amina, y otros de la ribera septentrional del río Yaque del Norte, utilizaron el sistema de várzea para el logro de su agricultura. En algunos lugares de la costa norte, como Buen Hombre, por ejemplo, el manglar fue explotado, pero nunca fue la primordial fuente de recursos. Siempre, entre los mellacoides, la recolección pareció ser una fuente complementaria de la agricultura. El desbordamiento de los ríos y su posterior descenso fue aprovechado para sembrar en los depósitos aluviales, como se demuestra en Cutupú. Pero hubo además entre los mellacoides, sistemas explotativos basados en el montículo, como ya lo hemos señalado. La cerámica mellacoide, una vez analizada, nos revela una gran cantidad de formas y modelos decorativos; aunque no es más artística que la taína o chicoide, es más complicada en su sistema de combinaciones y secuencias; los aplicados son permanentes, las formas pequeñas y finas revelan un alfarero muy especializado en contraste con las cerámicas de paredes gruesas de la mayoría de los sitios chicoides.

Hasta qué punto la parte culminante de las culturas taínas que llegaron a un clímax son un formidable resumen de las experiencias generales de todos los grupos antillanos, sería un caso de interesante estudio. No olvidemos que grandes civilizaciones como la incaica, deben mucho a las culturas predecesoras, como la Nazca, la Chimú, la Chavín. Estos casos son comunes en la historia universal. Los grupos mejor organizados socialmente, caso de la parte culminante de la expresión taína, dominan mejor los hallazgos de culturas simultáneas o anteriores.

Posiblemente los taínos no son la excepción. Todos los recursos que ellos maximizaron, fueron antes usados por otros grupos.

Sus dioses fueron antes dioses antillanos menores; sus sistemas de cultivo (montículo, roza) con todas las combinaciones, parecen haber estado presente en las Antillas antes, o quizás introducidos por otros grupos como los ostionoides en el caso del montículo. Camellones, comunes en la zona sabanera de Venezuela, aparecen ya con expresiones mellacoides en el sitio La Cacique, hacia el 1000 de nuestra era; las plazas de Utuado, Puerto Rico, fueron precedidas por las de Las Flores, Villa de Taní y otros lugares. Poblados circulares, con camellones y plaza central han sido detectados en relación con cerámica ostionoide a partir del 980 en Juan Pedro, provincia de San Pedro de Macorís.

Los lugares de Sorcé y Tecla, en Puerto Rico, son ricos en expresión lapidaria y en el dominio de la talla pétrea.

Podría seguir enumerando importantes hallazgos que ahora, no es funcional enumerar. Lo que deseo dejar sentado es el criterio de que la cultura taína no fue un todo carismático y homogéneo, sino un conjunto de expresiones que en momentos cronológicos tuvo grandes síntesis. Los coleccionistas, los arqueólogos, ciertos aficionados, nos dejamos a veces llevar por la tentación del ídolo bien labrado o del objeto finamente ornamentado. Sin embargo olvidamos elementos básicos como serían la composición social, y las formas y modos de vida, que definen precisamente el desarrollo social de un grupo humano. El descubrimiento de los macorijes como grupo con expresión mellacoide, nos pone en camino de estudiar una nueva modalidad cultural más profundamente. Los sitios resumidos por nosotros parecen revelar que también los mellacoides habían arribado a la forma cacical de gobierno, y que tal era esa realidad que en los “repartimientos”, macorijes y taínos fueron repartidos igualmente, siguiendo la filiación tribal, lo que indica que no había diferencia en la organización social y que el cacicazgo era una forma aceptada por la organización social de taínos y macorijes.

Las culturas antillanas mayores, presentan importantes momentos de hibridación cultural y social. La influencia de la costa norte dominicana en Las Bahamas parece ser evidente. La mezcla de elementos chicoides (taínos) y mellacoides (macorijes) en el oriente de Cuba, inquieta y parece ser evidente. Lo mismo puede decirse de algunos sitios dominicanos. Al revés de estos contactos sería posible abrir camino a la interpretación arqueológica. La ausencia del ídolo de tres puntas en los sitios dominados por la cerámica mellacoide es básica para entender que son grupos culturalmente diferentes. La ubicación de los grupos mellacoides al norte del río Yaque del Norte; la secuencia de fechas que va desde el 830-40 al 1470, son elementos reveladores de que no hubo en muchos siglos una verdadera mezcla cultural en la isla de Santo Domingo, y de que sólo hacia el occidente de la misma (Cuba, Jamaica, Bahamas), se concretó un proceso de hibridación cultural que muchos han denominado como sub-taíno, y que no sería otra cosa que la presencia de modelos nuevos en relación con acuerdos étnicos entre grupos de lengua y filiación cultural diferentes.

La ausencia del ídolo de tres puntas en Cuba y Jamaica, o su escasez, son importantes elementos que revelan el predominio de superestructuras diferentes en los grupos cubanos y jamaicanos. El mantenimiento de las formas ostionoides comunes al mellacoide del valle del Cibao, en Cuba y Jamaica, y la presencia de cerámicas tan comunes a la serie chicoide en Banes, por ejemplo, revelan que pudo haber contactos, y que posiblemente a diferencia de lo que aconteció en la isla de Santo Domingo, taínos y macorijes terminaron mezclándose culturalmente, en una acción que había sido sólo detectada en un sitio arqueológico, El Pleicito, en la provincia de Azua, en donde la fecha de radiocarbono señala una relación aislada hacia el 1200 de nuestra era pero también en sitios tardíos del occidente de Haití.

Es hora de aislar los elementos definitorios de numerosos grupos antillanos, tanto en las islas más pequeñas como en las mayores. Este resumen ha querido colocar en las mentes de tantos investigadores, las inquietudes que me surgen como investigador cada vez que alguien me habla o me pide hablar sobre la cultura de los taínos.

 

Marcio Veloz Maggiolo
La isla De Santo Domingo Antes De Colon

 

 

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