La Poesía Sorprendida

Rincón Dominicano 3 octubre, 2011
La Poesía Sorprendida

La Poesía Sorprendida

Manuel Rueda y Lupo Hernández Rueda

1943. Movimien­to innovador que no desprecia la tradición, La Poesía Sorprendida adviene con una actitud amplia que abrió sus puertas, introduciéndolas en el país, a todas las corrientes literarias de Europa y América, desde los más desenfrena­dos ismos hasta la “poesía pura” y la de tendencia so­cial. De una manera consciente efec­túa en nuestro medio el brusco vira­je hacia una acti­tud subjetiva, fe­nómeno este sor­prendente si se considera que toda la poesía do­minicana anterior no había rebasado el plano realista.

El subjetivismo que apuntaron Altagracia Saviñón en “Mi vaso verde”, Federico Bermúdez en “Las liras del silencio” y alguno que otro poeta modernista, provenía del simbolismo y no constituyó un cambio sustan­cial de nuestra sensibilidad. El hecho sólo se realiza plenamente con La Poesía Sorprendida. Junto con la necesidad histórica de los cambios, las circunstancias políticas del momento determinan el uso de símbolos y abstracciones que sirven como vehículos para ex­presar vivencias sólo transmisibles a los ya iniciados. Surge así un grupo de jóvenes poetas que trabajan con plena conciencia de su misión histórica, unificando va­lores de diversas índoles y tendencias como una ma­nera de preservar el derecho del hombre a su expresión….]

Si tuviéramos que hacer un recuento somero de los logros de este auténtico movimiento de la poesía dominicana, tendríamos que señalar los siguientes apor­tes: a) proyecta las esencias nacionales universalizándolas; b) introduce de modo definitivo, hasta nuestros días, el subjetivismo en la poesía dominicana; c) el movimiento de mayor cohesión y alcance, en el cual están inmersos hasta los más jóvenes que tratan de encon­trar una salida a sus aspiraciones de realizar una poesía de protesta; d) pone al día a la poesía dominicana, incorporando a ella las técnicas y procedimientos entonces en boga; e) adviene, por tanto, una nueva actitud estética y ecléctica que aúna, a los hallazgos del nuevo lenguaje, las técni­cas tradicionales: la conciencia creadora se agudiza en todas direcciones, aún y cuando por su carác­ter experimental y la juventud de muchos de sus miembros la labor individual no logra, a veces, la ma­durez requerida; f) la mística de grupo pri­ma sobre dicha labor Individual, sin que esto vaya en detrimen­to del acento particu­lar que cada poeta se encargará de cultivar más adelante; g) revela y coloca en un primer plano, a un grupo de poetas hasta entonces desconocidos; h) muchos de los poetas del movimiento logran después la madurez y profundidad, en obras cada vez más am­plias y diferenciadas entre si, colocándose en lugares de primer orden en nuestra poesía, lo que les permite desempeñar funciones de mentores y guías de las nuevas generaciones; i) constituye un grito de indepen­dencia, dignidad y espiritualidad, dentro de un régi­men de opresión, manteniéndose al margen de todo compromiso oficial; y j) finalmente, la estética de La Poesía Sorprendida y los nuevos horizontes que ella abre, siguen vigentes aún en la más reciente poesía dominicana, a pesar de las apreciables diferencias de tono que el momento actual determina. La actividad desarrollada en torno a “Entre las Soledades”, revista poética dirigida por Antonio Fernández Spencer; “La Isla Necesaria”, que codirigieron Franklin Mieses Bur­gos, Manuel Rueda, Aída Cartagena Portalatín, Freddy Gatón Arce y Héctor Pérez Reyes; y “Los Juglares”, agrupación encabezada por Manuel Valerio y que di­fundía la cultura en los barrios marginados de la ciu­dad, fueron consecuencia y ramificaciones de La Poesía Sorprendida.

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