El QUE HACER POÉTICO EN LA DÉCADA DEL NOVENTA
EN REPUBLICA DOMINICANA
Joel Almonó
TEMAS LITERARIOS
Febrero de 2001
Minnessota, EEUU
El que hacer poético en los 90 en República Dominicana, estuvo matizado, por dos improntas, la primera fue el auge de la difusión y animación cultural que cimbró el parnaso en esa década; podemos hablar del taller literario César Vallejo, que sirvió de telón de fondo no solo a los ochenta, sino también a los noventa, desarrollando talleres, charlas y encuentros, donde los foros poéticos eran descarnados, pero siempre tratando de mantener el rigor en la búsqueda estética.
Los martes Poéticos con el Dr. Jorge Piña, los miércoles el grupo de mujeres escritoras con Claribel Díaz; los viernes con Carlos Gómez Doorly y su Cacibajagua; los sábados Noche en grande con la poesía con Joel Almonó; los domingos el grupo Juan Sánchez Lamouth en los Minas. Más tarde surcaron los programas quincenales, como los de José Mármol en Cultura Hispánica; los del poeta Pedro Mir y don Juan Bosch en el Hostal Nicolás de Ovando, entre otros.
Cada grupo cultural (los radicados en el entorno Colonial) fue a beber en las fuentes de Octavio Paz, Lezama Lima, César Vallejo, André Bretón y Jorge Luis Borges; los poetas dominicanos más leídos por los jóvenes de los 90′s y que a la vez fueron los de la generación del 48; con particularidad el Dr. Víctor Villegas.
Existieron varias razones para ello, una fue la presencia de Rodolfo Coiscou Weber, Lupo Hernández Rueda, ambos antólogos de la generación del 48; Abelardo Vicioso, Víctor Villegas entre otros, a las diferentes tertulias, sus aportes y consejos fueron de invaluable valor para los jóvenes de esta generación.
El otro lado de la moneda es que los noventa se enfrentaron a una realidad de supervivencia literaria, un fenómeno que se venía dando en forma cíclica, la cual mostró sus fauces con nosotros, fue el de las generaciones.
Es interesante observar este fenómeno, del cual se ha hablado bastante, pero no suficiente, el poeta Emil Ermatinger en su libro “Filosofía de la ciencia literaria” nos dice que existen ocho factores que determinan la existencia de una generación, que son:
1.- La herencia
2.- La fecha de nacimiento
3.- Los elementos educativos
4.- La comunidad personal
5.- La experiencia de la generación
6.- El guía o caudillo
7.- El lenguaje de la generación
8.- El aniquilamiento de la vieja generación.
Ese último punto es lo que vuelve difícil la consolidación de una generación, pues la generación del 50 no pudo sobrevivir pues el auge de los del 48, apenas comenzaba, la generación del 70, hizo ingentes esfuerzo, pero el peso de los post-guerra fue mortal, solo sobrevivieron Odalís Pérez, pero su incursión en el análisis y critica literaria es lo más alto en él, pues su libro de poesía “La Pirámide en el hombro del Dios”, pasó sin pena ni gloria.
Juan Freddy Armando, excelente poeta de esa generación, terminó lanzando sus redes, como la mayoría de ellos hacia la carrera publicitaria. Y los noventa se vieron amenazados por la fuerte presencia de la generación de los ochenta, y algunas veces silenciados por el saber de los ochenta. Este fenómeno no se dio en el interior del País, pues ellos desarrollaron otra dimensión del quehacer poético, se han esforzado en crear una nueva estética literaria, y han sido dirigido por el gran crítico literario y animador cultural el Dr. Bruno Rosario Candelier, ( hago un paréntesis para señalar que estoy hablamos de la de Bruno, cuyo epicentro está en Moca, por ser la de mayor trascendencia en todo el país. Existen otras como la del Dr. Claudio Cayo Espinal (Cayito), en San Francisco de Macorís, pero la mayoría está de acuerdo que es una extensión del Pluralismo de Manuel Rueda) , es curioso el fenómeno en el Cibao, pues muchos de los poetas del interior del país que surcaron los aires literarios de los noventas, son coetáneos, tiene la aproximación de las fechas de nacimientos, pero no tienen los mismos elementos educativos, ni la misma comunidad personal, ni el lenguaje poético de los de la capital; su búsqueda de lo inmanente les hacen no solo distintos sino únicos por el momento, el caso de Iki Tejada con su texto Herad de la Ternura, óntico, no arilla las “ruedas del sueño” como un André Bretón, pero busca en lo angélico fundido con lo cotidiano, una realidad mística; la poeta Argelia Aybar con su texto Elohim de fuego recrea un Panteísmo moderno e interesante, el sacerdote Tulio Cordero excelente poeta, canta con belleza extraordinaria a la soledad y el vacío; Carmen Pérez Valerio con su texto Retorno al origen, cuya irdumbre trabaja lo Bíblico, lo místico desde la ternura, sin dejar de mencionar al poeta Pedro José Gris, para un servidor el poeta más representativo de la región Norte. Lo que he querido enfocar es que ellos los del interior, han desarrollado unos registros diferentes, pero comunes para ellos, sus lecturas abarcan desde los místicos orientales hasta los de occidente, pues su creación intenta explorar las dimensiones del alma, en su estado puro, encontrar la perfección del poema en la mansedumbre del espíritu, ellos le llaman trascendencia.
Por su parte los poetas de la generación de los ochenta, en vez de agotarse en los noventa, se consolidaron y su producción poética a final de la década fue impresionante, mientras los que más produjeron de los noventa fueron Roberto Sánchez con Azar de lluvia y Candela; J.B. Nina (el mas fecundo de todos nosotros) con Elogio del fuego y Andrómeda, su mejor texto hasta ahora; Raquel Ray con Mis lágrimas lloran petróleo, Zapatones altos y Una ventana a la vida; Dr. Leopoldo Minaya con Preeminencia del Tiempo, el Dr. Jorge Piña con La Pasión de los Sueños y Andrógino Ciego; y un servidor Joel Almonó con Dolor del Tiempo y Cantos Apocalípticos (el grupo de mención comprende desde el 1989-1996.)
La década de los noventa fue enriquecida por tres corrientes poéticas que trataron de palpar y abrir nuevos horizontes dentro de los mundos posibles, estas fueron la ‘Poética del Pensar” del Licdo. José Mármol (Jochy); la “Poética Interiorista” del Dr. Bruno Rosario Candelier y la “Metapoesía” del Dr. Jorge Piña; esta última surge en los noventa pero no se consolida sino hasta el dos mil, con nuevos miembros y más madurez de parte de sus integrantes, huelga decir que en la República Dominicana, han existido diferentes movimientos literarios e intentos de movimientos; como el Vidrinismo de Virgil Díaz; el intento de Rubén Suro con los Nuevos en la Vega, entre otros, pero el que dejó escuela y seguidores fieles, fue el Postumismo con Moreno Jiménez; cuyo movimiento parió su texto más importante con el cual arrancó la literatura en Dominicana, “La hija Reintegrada”, de Moreno Jiménez. Cada movimiento o escuela nos deja un legado, un texto, que pueda ser el resumen esencial del planteamiento estético; ése texto lo hemos encontrado en la Metapoesía con el poema “La Mirada de la tela” de Jorge Piña, en los otros movimientos no hemos encontrado este texto medular que pueda ser el resumen del movimiento.
Algunos de los textos más altos de Jochy Mármol son las Estaciones de la Rabia, o Acuarela del Ozama, pero no son el paradigma, tampoco en la escuela Interiorista hemos visto ese texto; estamos conscientes que no han acabado su obra por lo tanto es muy pronto para dar una opinión final. Por último la generación de los noventa se consolidó con Frank Matinez y J.B. Nina, pues ambos pasaron de esa literalidad hacia la presente siendo los antólogos de la generación de los noventa.
(Conferencia dictada al Grupo Cacibajagua en Santo Domingo, República Dominicana )






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