El Chivo
Dr. Vicente Correa
Al campesino Dominicano le gusta agradecer al médico con algún presente cuando le ha curado o aliviado de alguna dolencia. No es raro ver a un médico cargar con gallinas, vegetales, bebidas alcohólicas u otros presentes. En mi caso, para la época navideña, a mi casa llegan muchas cosas regaladas por pacientes.
Bueno, volvemos con el caso del señor de la menstruación; me había dicho que de curarlo, me haría un regalo
(!que vaina, tener que recordar ese día!)
Era lunes, diez de la mañana; el salón de espera está lleno de pacientes. Alba Rosa, la enfermera, va a mi consultorio.
-Doctor, ahí lo busca un señor, con un chivo.
Se me paran las orejas como a los perros y salgo a ver al señor; se trataba del mismo de la gonorrea. Estaba cerca de la puerta de entrada con un hermoso animal: un chivo joco, macho y de buen talante; el señor luce alegre, y por la forma que me saludó desde lejos, me decía que había sanado.
Me lució que a pesar de todo era un hombre de palabras; estaba cumpliendo lo prometido. El chivo se veía robusto, de seguro muy bien alimentado para llevárselo de regalo al médico que curó a su dueño. Claro, no debo “mostrarme interesado ni goloseando” a ese animal; como médico debo ser humilde y aceptar “la intención” más que el regalo en sí.
Como quiera veo al chivo otra vez y me pongo a pensar: “treinticinco libras, mas o menos…da pa´l grupo”.
El grupo no era más que alrededor de ocho médicos amigos míos, perros todos, neros (que les gusta el can, las fiestas y parrandas) y que éramos médicos pasantes que nos reuníamos cada quince dias en la regional de San Juan. Ese miércoles tocaba reunión.
Le hago seña al señor para que espere su turno y dizque ni miro al animal. Trabajo rápido con los pacientes, pues estoy ´´en chivo´´. Esa noche del miércoles iba a ser de saltos y espantos con un rico chivo al guiso. Sigo trabajando con los pacientes pero al mismo tiempo voy ensamblando la fiesta chival: yo aporto el chivo, Martino llevará el alcohol, Mencía y Malta los refrescos, Félix y Raúl, como estaban cerca, llevarían un moro de guandules.
A Rondy por ser testigo de Jehová no lo involucraríamos de lleno en la fiesta, pero llevaría platos y cubiertos, etc, etc.
En un momento salí al patio de la clínica para acondicionar el lugar en que voy a poner el chivo por dos días, pues era lunes y la reunión el miércoles.
Llamo a Alba Rosa.
-Comunícate con Mencía por fonía, dile que llame a los tígueres, que tenemos un chivo para el miércoles, que nos lo vamos a comer el el bar de Ciro. ( Mencía Hernandez en la actualidad es pediatra; mujer más canera y bebedora que esa no ha nacido en el planeta.)
Estoy casi terminando con los pacientes, de vez en cuando salgo y le hecho un vistazo al chivo. Recuerdo que a una paciente le tuve que hacer de nuevo la receta, pues había firmado Dr.Chivo, en lugar de Dr. Correa.
Le toca entrar al señor; yo de hipócrita dizque no miro al chivo y me intereso en su salud. Entonces lo que me dice me deja frío:
-Dotor, toy ma bien que el carajo; pero no vine a consultar. Vine a que me examine a este chivo, que se lo voy a vender a un señor en el pueblo…ah de paso le traje esta media docena de huevos pa’ que se la coma con yuca esta noche.
Un sabor a torpedo me entró en la boca; la saliva se me puso espesa, no la podía tragar, se me aguaron los ojos y la voz me salió finita.
-Amigo…yo no soy veterinario, ellos son los que examinan animales.- a duras penas pude contener dos lagrimones en los ojos.
-Pero dotor, cómo que no? si somos de carne hombres y animales.
No recuerdo qué le hice al chivo ese, el caso es que escribí algo en un papel para salir de esos dos animales.
Lo duro fue cuando llamé a Mencía, conociéndole esa lengua de fusil que tiene, para avisarle la equivocación. Solo me dijo:
- Coño Correa…que mierda eres.




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