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El Dios Liborio en el Cibao

 



Guaroa Ubiñas Renville


En el lugar llamado La Compartición, al lado de la cocina de la caseta de foresta, estaba hasta hace unos años un calvario con un montículo de piedras traídas de todos los confines del sur, en el centro y norte del país, por los creyentes, que eran sus puertas de entrada al reino de sabiduría, instintitos y de magia de Liborio Mateo, un campesino, agricultor, criador de cabras y hacedor de cercas de palitos que, según la leyenda, teniendo ya una edad madura fue llamado por San Antonio El Iluminado y llevado en las ancas de un caballo plateado a la presencia del Padre eterno donde fue investido de poderes de sanación, de resucitación y de inmortalidad.

Todavía quedan gentes como el extraordinario guía Juan Canela, Manuel (Hipólito) Colón, que hasta llegó a ir en los grupos que le llevaban los víveres a él y sus gentes, dice que allí hizo tres casitas de las que Manuel explica como de “varaenterrá”, que eran entretejidas con los pajones, de una sola puerta, y sostenidas por las varas se enterraban directamente en el suelo.



LA COMPARTICION

La Compartición es un lugar que se llama así porque allí se juntan el sur y el centro del país o Cibao, colocado a cuatro kilómetros del pico Duarte, que es la elevación más alta de las Antillas, de todo el Caribe (3,085 metros) y a unos tantos de la loma de Agüita Fría, que es donde nacen los ríos Yaque del Norte y Yaque del Sur; allí la temperatura es muy baja con relación a la mayoría del territorio nacional y es abrumador el testimonio no sólo de que allí vivió por un buen tiempo de varios años (no que iba y volvía) el “dios” Liborio, sino sobre los objetos y cosas que usaba, como el calvario, sus casitas y unos cepos para ponérselos en los pies a los muchos locos que le llevaban y de las cosas que hacía.

Hasta hace poco se podían ver también los pinos baleados por sus gentes, que probaban sus armas disparándoles.

Marcelino, un joven guarda campestre que se confiesa enamorado del frío y del bosque de las montañas se apasiona escuchando las versiones de los guías, al igual que caminando solo por esos parajes. Mira hacia la loma “La Rusilla” y dice que en su firme existe un vallecito que se llama de los Huesos de la Vaca, porque las vacas que suben allí se mueren de frío y falta de pasto.



TESTIMONIOS


Dice Vidal Peralta, de 71 años, que el que le enseñó a él eso de montero y a andar todas esas lomas fue su cuñado Pedrito Abreu que era un hombre tan trabajador que era capaz de sembrar él solo cien tareas de tierra de loma, caminador incansable, de tamaño regular, muy fuerte, mulato y bebedor; que donde se metía “había que atencionarlo” por lo guapo; y que este era un hombre de Liborio del cual hablaba mucho, diciéndole que había tenido un campamento en la Compartición (Vidal llegó a ver los cepos y los describe), donde llegaban las gentes enfermas, ciegas y locas y bajaban sanos y que sus hombres usaban mucho unos colines adelgazados”, de menos de tres dedos” de ancho que llamaban “media cinta”.

Que cuando llovía mucho y no se podía salir por el agua y el frío de las casitas la gente desde que veían que se acababa la comida se desesperaba y Liborio les decía: “Bueno, hoy sí no’ jodimo, porque no hay na’ en e’ta montaña. Pero déjeme dí allí”. Salía, y al poquito venía y decía: “No se apuren, que ahorita hay de to”, y que al rato comenzaban a aparecer gentes con un sinnúmero de alimentos.

Otros, como la hija de la devota carolina Pérez y Manuel Antonio Capellán (que “trabajaba” con Liborio y era curandero), dice que las gentes se desesperaban y decían: “Ay, n’ vamo’ a morí, no’ vamos a morí”. Y entonces era cuando él salía y comenzaba a hacer ti, ti ti, como quien llama a unos pollitos, y que ahí era que aparecían las gentes con los alimentos

Pedrito Abreu, al igual que muchísimas personas se encomendaba todas las mañanas a Liborio, le pedía consejos, lo invocaba antes de acometer cualquier cosa, le daba el primer trago de cada botella de ron que se bebía, etcétera. Todavía muchas personas hacen eso.

Vidal recuerda haberlo visto en apuros quitándose el sombreo y gritando; “Papá Liborio, papá Liborio”. El guía Antonio, el calvo, asegura que una vez, cuando se vió atrapado por un gran aguacero, lo invocó y que llegó a su casa bajo el agua, evitando los charcos pero sin que lo mojara una sola gota; Mauricio, ciego y desde su cama, recuerda haber regresado con él desde La Compartición una vez que fue de apenas 8 años a llevarle comida a él y a sus gentes. Esa vez Liborio, que vivía con su hermana Tomasina, se dirigía para Jarabacoa, pero allí estuvo poco, regresó con él y a sus gentes. Esa vez Liborio, que vivía con su hermana Tomasina, se dirigía para Jarabacoa, pero allí estuvo poco, regresó a su sitio, que era la Compartición, devolvió a Tomasina, porque se iba para Las tres Palmas de San Juan de la Maguana y dejó el mensaje de que volvería.

Unos dicen que dijo simplemente que volvería, otros que volvería, otros que volvería nuevecito; otros que hasta en el corazón de una auyama. Ginge Pérez y miles de seguidores lo esperaban, él lo hizo bebiendo mucho, montado sobre su mula y con una recua de cuadrúpedos por esos caminos de montaña.

TOMASINA COLON

Tomasina era una mujer alta, de una belleza extraordinaria que fue a ver al santo varias veces con uno de los grupos que lo visitaban y se quedó un día a vivir con él, manteniendo unas relaciones que duraron casi toda su estadía en la zona que debió ser de varios años. El la “devolvió” cuando lo estaban persiguiendo más fuerte.

Cuentan que entonces ella se casó con un hombre con el cual comenzó a procrear familia, pero que por el tiempo en que se supo que él había sido asesinado (por un dominicano traidor llamado José Sosa bajo el mando de los norteamericanos que nos invadían contrariando el alma nacional), ella quedó ciega, pero con los ojos como de gente que ve.

Era hermana de Mauricio Colón y Tía de Ramón (Hipólito) Colón.



SOBRE JOSE POPA

José Popa, que llegó después que mataron a Liborio, debió coger al principio alguna notoriedad, cuando Pedrito Abreu comenzó a referirse a Liborio como “Papá Liborio el Viejo”; aunque se sabe que luego fue prácticamente repudiado “cuando la gente se dio cuenta que se hacía pasá por Liborio, pero no era lo mimo”, y tuvo que irse.

En el lugar de la Cienaga de Manabao, y en todos esos sitios aledaños, vive el recuerdo de Liborio Mateo con su magia y su música de la cual era inseparable, (recuérdese que el que le tocaba el acordeón era llamado como el vegano).

En La Ciénaga hace apenas unos meses dos ancianos antes de morir invocaron su nombre. En la Compartición, dicen que algo protege el lugar de accidentes. En diciembre del 2001 se celebró una gran reunión de estudiantes y guías promovida casi espontánemante por el hombre del sombrero verde y su equipo de hermanos, donde se habló de él, en el interés de conocer y desentrañar los misterios del alma nacional. En un momento la fogata se hizo más fuerte.


 

 
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